martes, 15 de febrero de 2011

De hombres.

Existieron los hombres
que sólo tenían miedo

            a la soledad diurna,
            a la frialdad de las noches,

al repicar insonoro
de las magnolias tenues de la aurora,
al despertar abrupto
en la cama vacía
impregnada de olor
y de recuerdos.

Existieron hombres, también,
hoy ya curtidos,
que supieron impregnar ellos de olor camas ajenas,
que supieron dañar donde más duele,
que supieron llorar con lágrimas de estaño,
            bronces de wolframio,
metales pulidos
que desgarraron prendas de creyentes.

Existieron hombres,
tal vez;
como existen ahora.

Pero yo ya aprendí

            –quién sabe si la suerte,
            o el clamor de lo ajeno,
            o la revolución o la alegría–

que no existen más hombres
que los que quieren ser
cuando están a tu lado, 
y que el ver más allá
            sólo hace daño
y que el no querer ver
            es ignorancia...

         Y que tonta hay que ser
para no ver en ellos
lo que en el fondo son
aunque no quieran…

Seres de carne y hueso
con impulsos de seda
y corazón de cuero
a los que el amor suave

            -de luna, de coche, de cama, de esquina-

les hace recordar
            como te lo hace a ti
que estamos todos vivos,
y que todos sentimos;
            y que pasiones de amor
todos podemos crear en una noche...

para luego olvidarlas.

jueves, 20 de enero de 2011

Pinceladas de piel.


Esbózame. 

Delinea mi contorno con tus manos:
cada rasgo, cada curva, cada pliegue,
yo.

Atrápame. 

Entre tus brazos sedientos,
henchidos de desencanto y de arrebato,
hartos de todo y de nada,
ansiosos de carne,
de mí.

Siente,
            poco a poco,
cómo a veces es fácil,
creerse las mentiras
y dejarse llevar,
entrelazados,
por el fastuoso mundo de la confianza
y de lo amargo. 

Piensa,
            herido en guerra,
que no hace falta ser eternos combatientes,
que a veces basta con ser dos
para que el mundo aparezca en tu montera
y que qué más da el amor
si es otra noche entera,
si mientras tú me tocas
no te importan las muertes
ni existen los despojos
ni hay ya poesía muerta
            ni desidia
y sólo existe el miedo

            -más de mí que de ti, más de nadie y de cualquiera-

a que te canses.

jueves, 6 de enero de 2011

Marejada

<Este poema, como el anterior, en realidad se encuadra en una especie de serie que un día llamé  Premoniciones de pasado en sí bemol, y que va seguida por otra llamada Recuerdos de futuro sostenido. No sé si las pondré todas o no, pero es la explicación a lo de los números romanos como título. Lo de Marejada no tiene mucho que ver... me gusta, simplemente. Voilà. >

II

Hoy por hoy,
ya no somos esos dos
que un día fuimos,
cuando el somos como tal tenía sentido.

Hoy por hoy,
tan sólo somos bruma;
o mejor dicho…

                      Yo soy yo;

tu recuerdo, sólo espuma. 

jueves, 30 de diciembre de 2010

Commence

<Hace tiempo que no tengo un blog... aunque casi tanto como pocas ganas tengo de compartir lo que escribo con el público, vaya; y no por falsa humildad, sino por cuestiones de pudor un tanto incomprensibles en las que ni yo misma pretendo entrar. Anyway, y dado que, al menos para mí, la función de lo que escribo no es sino la de desahogar parte del peso de todo lo que se queda sin escribir, he llegado a la conclusión de que, terapéuticamente speaking at least, el compartirlo, sea leído o no, o mejor dicho: el que exista la posibilidad de que sea compartido... lo dota de un significado que no logro alcanzar de otra manera. Así que... voilà.
Un primer poema, muy teñido de diciembre y de pasado.>

I

Vámonos, te dije,
            y te acaricié la mano.
Vámonos, mentiste,
            y me la acariciaste.

Agarrados, fuimos,
            y perdidos en la aturdidora inmensidad
            de las palabras enlazadas,
...no volvimos.